El cielo es del color del café recién hecho.
Las avenidas huelen a tostadas y crujen
como croissants calientes los primeros
autobuses, tranvías, comensales
del día que, de pronto,
cayó como un mantel sobre las calles.
Parque de Cabecera, Russafa, Santos Juanes,
la ciudad se despierta mansamente y bosteza,
Torres de Quart, mesas al sol, viveros,
la plaza del Patriarca, bicicletas, viandantes,
y unos viejos talleres junto a los balnearios
donde hace muchos sábados jugaban otros niños.
La ciudad se despierta y los lugares hablan.
Una X en el mapa nos indica el camino.
La ciudad se despierta. Es nuestra hora. Sentémonos.
Que el tiempo se disuelva esta mañana
como un terrón de azúcar.
Fernando Guirao de Gregorio